MELISA - PARTE 2 - CONOCIENDO AL SEÑOR CÉSAR

Eran las 12 de la tarde de un domingo, en la cocina olía a especias y condimentos debido a que la esposa de don Manuel, la señora María, preparaba la comida muy entusiasmada. Al mismo tiempo los padres de Melisa trabajaban en sus asuntos fuera de la casa, su padre estaba cerrando unos negocios de venta de ganado y su madre se había ido a reunir con unas amigas.

A esa misma hora el sol entraba por la ventaja del cuarto de Melisa haciendo que se iluminará por completo y dejase ver una cama totalmente desarreglada, las almohadas estaban en el suelo, las sábanas alborotadas, y el colchón fuera de su posición estaba en diagonal dejando una parte de la esquina en la base de madera al descubierto. En el suelo había ropa, una pijama rosada, un brasier y calzón del mismo color, un bóxer negro, una camisa sucia y unos pantalones de mezclilla igual sucios, todo regado por todas partes.
En el suelo también se encontraba otra cosa, un señor gordo, desnudo y sudado acostado boca arriba, este era don Manuel que jadeaba como animal.

- Ooohh sii mmmm asii asii uufff sigueee

La razón por la que hacía esos sonidos era simple: Melisa le estaba haciendo un oral intenso. Los dos en el suelo de la habitación habían tenido una mañana llena de sexo salvaje. Don Manuel se despertaba a las 6 de la mañana para seguir con su labor de construcción en el rancho, pero alrededor de las 9 de la mañana cuando se dio cuenta que sus patrones se habían ido, dejó tirado su trabajo y salió corriendo a la habitación de Melisa quien ya lo esperaba con una sexy pijama, estos no tardaron en comenzar su labor reproductiva.
Ya se había hecho costumbre que Melisa y el albañil cogieran a cada rato, así pasaron unos cuantos meses y nadie se había dado cuenta, la esposa de don Manuel quien los había descubierto la primera vez le creyó la mentira de que "Melisa estaba viendo porno en su cuarto mientras el reparaba la tubería del baño". Por lo que siguieron como si nada hubiera pasado. Al pasar el tiempo Melisa quería operarse los pechos y como su padre no le quiso dar dinero, uso a don Manuel para que le pagara la operación, el pobre albañil ilusionado porque sería quien se comiera ese manjar junto todos sus ahorros y hasta se empeño en el banco dejando a su esposa y a él con una gran deuda. Pero eso poco le importaba porque cuando Melisa ya tenía sus nuevas tetas el se las comia y las disfrutaba lo más que podía, por fin le podian hacer una buena rusa, cosa que con las anteriores tetas de Melisa que eran pequeñas no podía hacerlo. Y estas en comparación, no eran tan enormes, pero si turgentes, redondas y más duritas.





Total que el albañil se la cogia a sus anchas y esta era una de las muchas ocasiones en que los dos cogian.

- Glup glup glup dame tu lechitaa

- Si patroncitaa oohh quiero que te la tragues todaaa

- Siii damelaa me la quiero tragaar! glup glup glup!

- Oooh no puedo maas ahí te va mi descarga de leche calienteeee oohhh tomaaa

- Aahh mmm que ricooo dame maas mmm glup glup glup! arhggg!!

- Asiii tragatela toda putitaaaa!! uufff

- Que rica leche jeje glup glup

- Aver abreme la boquita... eso jeje te lo tragaste todo uuff

Ambos se acercaron y se comenzaron a besar. Luego de unos segundos se levantaron y se tiraron sobre la cama exhaustos.

- Uuff la he pasado muy rico todo este tiempo patroncita pero lastima que hoy hago los últimos ajustes aquí en la obra y me tendré que ir

- Si eso he oído hablar a mis padres, ni modo jeje yo tambien la he pasado rico

- Oiga patroncita que tal que antes de que me vaya me entrega su culito? Lo he estado deseando desde siempre y no me lo ha querido dar

- Que? Ya le dije que eso no, lo estoy guardando para la persona que ame y me merezca

- Y acaso no me ama usted a mi?

- Como cree jaja yo solo lo hago con usted porque tiene una buena verga, acuérdese que mi novio no me llena

- Si, el imbecil ese que tienes por novio, solo es un hijo de papi con dinero, pero no sabe lo que es complacer a una hembra de verdad

- Y por eso me he acostado con usted jeje pero parece que ya es el final

- Mi esposa aun seguirá trabajando en esta casa, tal vez yo venga de vez en cuando jeje

- Puede ser, pero por ahora ya hay que salir, usted debe terminar su trabajo

- Si patroncita lo que usted diga

Don Manuel se levantó y se puso su ropa, le dio un beso a Melisa y salió de la habitación.

Al terminar el día don Manuel platicaba con el padre de Melisa a las afueras de la casa, ya había terminado su trabajo en el rancho y le estaba pagando y agradeciendo.

- Fue un gusto trabajar para usted patrón, pero ¿no tendrá algun otro trabajito por ahi? Mire que ahora tendré que seguir buscando trabajo y esta difícil la situación

- Hijole don Manuel, me gustaría ayudarlo pero ya no tengo ningún puesto aquí en el rancho y ya tengo muchos empleados que se encargan de los caballos y de cuidar todo, pero no se preocupe nomas que salga algo yo le aviso

- Que mal, pero enserió le agradeceré mucho si me encuentra un lugar aqui en el rancho, vera que soy de buena ayuda

- Claro y no se preocupe por su esposa, ella seguirá trabajando aquí...

- Gracias patrón, pues bueno, ya me tengo que ir

Don Manuel no quería irse, hasta le estaba pidiendo más trabajo al padre de Melisa con tal de quedarse en el rancho y seguir follandose a la chamaca. Pero era inevitable, sus dias de sexo con la hija de su patrón habían terminado, o al menos por ahora.
Se despidió y se metió a la casa a avisarle a su mujer que ya se iba. Cuando entró a la cocina se encontró con su esposa que estaba limpiando y a Melisa sentada en la mesa, estaba cenando.

- Hola vieja, vengo a avisarte que ya me voy, nos vemos en la casa después

- Si gordo pero no te preocupes ya veras que encontraras otro trabajo

- Si claro - Volteo a ver a Melisa y le dijo: - Adiós señorita Melisa, fue un gusto trabajar para usted

- Adiós señor, gracias por los servicios prestados - Dijo Melisa con una carita coqueta y una sonrisita

A don Manuel le dieron ganas de levantar a Melisa de la silla, arrojar el plato de comida a la verga y ponerla a ella arriba de la mesa para darle una culeada majestuosa sin importarle que su esposa estuviera presente, pero lo que lo detuvo fue que los padres de Melisa andaban por ahí cerca y no quería problemas.
Por lo que decidió irse, no tuvo oportunidad de despedirse bien de Melisa pero al menos le había dado una cogidota en la mañana, lo que lo puso triste fue que nunca le pudo reventar el culo, pero sabía muy bien que algún día lo haría.

Al día siguiente ya era Lunes y Melisa debía ir a la escuela. Estaba acostumbrada tener sexo con el albañil cada mañana para ir a la escuela satisfecha y con animos. Pero esta vez no era así, ella llegó a la escuela decaída y sin ánimos de hacer nada, ni siquiera estaba de humor para soportar a su novio que lo único que hacía era presumirla por toda la escuela.
A la hora del receso se encontraban sentados en una de las bancas de la cancha, habían muchos alumnos y su novio de nombre Gerardo aprovecho para besarla, ella solo se dejaba, le gustaban sus besos porque el chico era guapo, además tenía dinero y era un buen partido para ella.

- Mmm que ricos labios Melisa me encantas

- Tranquilo, hay muchos alumnos aquí y nos están viendo

- No me importa, que vean que tengo la novia más buena de la escuela jeje mmm

Gerardo la seguía besando, poco a poco su mano se deslizaba por la pierna de Melisa quien llevaba puesto su falda escolar y una camisa blanca. Ella se dejaba y el muchacho metia sus manos al interior de la falda al punto de alcanzar su zona íntima protegida por el calzoncito que traía puesto. Los alumnos que pasaban por ahí los miraban raro, algunos excitados y otros con envidia porque querían estar en el lugar de Gerardo.

- Ya calmate Gerardo no están viendo mucho mmm

- Ya te dije que no me importa mmm me calientas mucho

Gerardo se separo de los labios de Melisa y bajo a su cuello para besarlo, ella tenía los ojos cerrados y se dejaba llevar por el momento mientras su novio acariciaba su rajita con una mano y con la otra acariciaba uno de sus pechos por encima de la camisa.

- Ahh mmm bebeeee tranquilo - Decía Melisa con voz muy baja para que no los escucharan.

- Meli vamonos a los baños jeje

En cuanto escuchó la propuesta Melisa se levantó y se acomodo la falda tratando de aparentar que no había pasado nada, tomó a Gerardo de la mano e hizo que también se levantará, y así agarrados de la mano lo guió hacia el baño de mujeres. En otra ocasión Melisa lo hubiera mandado a volar pero esta vez ella quería saciar sus ganas de sexo, debido a que hoy el albañil no le había dado su cogida matutina.
Todos miraban atónitos como Melisa se había llevado a su novio a algún lugar por ahí, era lógico que pensaran que irían a cojer, pero como todos eran libres, nadie podía evitarlo y a algunos solo les quedaba aguantarse los celos y la envidia.

Cuando llegaron al baño de mujeres, Melisa revisó que estuviera vacío y luego hizo pasar a su novio. Una vez adentro cerró la puerta principal con seguro y se acercó a él para seguirse besando apasionadamente, mientras que Gerardo le desabrochaba los botones de la camisa y se la abría, quitándosela y poniéndola en en el lavabo. Acto seguido pasó sus manos a la espalda de Melisa buscando los broches de su brasier azul, tardo unos segundos en desatarlo y lo dejo caer al suelo.
Gerardo, tan caliente como emocionado, se separó de la chica momentáneamente, admirando aquel formidable espectáculo de senos al desnudo. Era un par de tetas de película, se decía, mientras se las devoraba con la mirada. Eran redondas y erguidas. No hacía falta que usara sujetador, pues ese maravilloso par de melones se mantenían firmes, desafiando la fuerza de gravedad a pesar de su tamaño. Y con esos pezones rosados y deliciosos… Uf. Era una visión maravillosa la que tenía desde su ubicación el miserable muchacho.
Sin más preámbulos, Gerardo tomó cada una de sus tetas con las manos y comenzó a masajearlas, disfrutando y sintiendo tanto su dureza como su suavidad. Les recorría todos sus contornos, desde la base hasta los pezones, los cuales acariciaba con sus dedos pulgares. Este se las miraba con ojos salidos, como no creyendo lo que le estaba haciendo y lo que tenía a solo a centímetros de sus ojos.

—¡Que buena estás, mamacita! —le dijo sin aguantarse, masajeando cada vez más fuerte las deliciosas tetas de Melisa. Se las apretaba, se las movía en círculos, se las juntaba y separaba; para luego simplemente repetir la operación. Todavía como que no creía la existencia de unas tetas como esas.
Melisa tenía los ojos cerrados con la cabeza echada hacia atrás, disfrutaba de las caricias que le daban y cada vez más su coñito se mojaba.

—Ah puta, que sabrosa estás —le dijo Gerardo en el momento que ya sin más contratiempo dirigió su ansiosa boca directo al pecho izquierdo de Melisa, para comenzar a chupárselo.

Melisa sintió un tremendo y electrizante cosquilleo en su vagina al sentir esa lengua golosa, y la barba, en la sensible piel de uno de sus pechos. Hasta que por fin sintió el efecto vacío que hizo la boca de Gerardo sobre el pezón que se perdió en su cavidad oral. Esa exquisita y potente succión en su teta, sin darle previo aviso, le hizo estremecer entera, arqueando instintivamente su cintura al máximo. Con fuerzas de mujer excitada, se apoderó de la nuca de Gerardo, atrayéndolo más hacia sus tetas.

En tanto, el feliz muchacho solo se daba a mamar alternadamente los suculentos pechos de Melisa, lamiéndoselos y succionándoselos. Aquellos dos increíbles globos de carne le sabían exquisito. Mientras mamaba, con una mano estrujaba el otro pecho libre, y con la otra le sobaba su húmeda vagina, haciendo que la nena se le fueran los ojos en blanco por tanto placer que recibía.

Luego de unos minutos de intensas chupadas de teta, Gerardo fue empujando a Melisa e hizo que se sentará sobre el lavamanos. Ella abrió sus piernas y el muchacho no dudo en meter mano por debajo de su falda buscando su calzoncito, lo agarro y se lo bajo por sus piernas. El excitado joven desabrocho su cinturón y dejó caer su pantalón con todo y boxer sin quitarselo, quedando entre sus pies. Su verga estaba muy dura, sin embargo esta no era gruesa ni larga sino que era delgada y de poco tamaño.

Levantó la falda de Melisa más arriba de su cintura, y se ubicó entre sus piernas, acomodando su verga en la entrada de la vagina.

- Llego la hora Meli ya no aguanto más

- Si mi bebé quiero que me lo metas ya

Gerardo fue introduciendo de a poco su verga en el coñito mojado de Melisa. Este podía sentir lo rico que le apretaba.

- Mmm así bebé metemela toda

- Ya es toda amor, te voy a cojer bien rico jeje .... ooohhh oohhh que rica estaasss oohh

- Mmm sii aaahh

Gerardo había comenzado su mete y saca, el estaba disfrutando pero Melisa apenas y lo podía sentir, solamente se aferraba al cuello del muchacho y ponia cara de excitada, hasta gemia para que su novio pensara que ella tambien gozaba y no se sintiera mal, incluso hubiera preferido que le siguiera metiendo los dedos.

- Oohh ooohh Melisa eres miaaa!

- Si bebé soy tuya jeje ahhh

- Dime que te encantaaaa ooohh dimelooo!

- Me encanta mucho bebé dame mass!

- Siii te voy a dar maas! oohh oohhh no puede seeerrr! me voy a correrrr Melii oohh mmm ooohh que ricooo jeje

Gerardo no había podido más y justo cuando empezó a darle más fuerte a Melisa, este se dejó llevar y le dieron ganas de correrse, por lo que saco su verga y tiro todo su semen sobre el estómago de Melisa.
Solamente había durado 3 minutos y Gerardo se sentía un triunfador. Melisa por otra parte, estaba decepcionada, se bajo del lavamanos y se volvió a poner su tanguita, se acomodo la falda, busco su sostén y se lo puso sobre esos hermosos pechos, luego agarro su camisa y se la volvió a poner.
Gerardo mientras tanto se volvía a subir su bóxer y su pantalón. Estaba satisfecho y alegre por haberse cogido a la chica más deseada de toda la escuela.

- La pase muy rico jeje ¿y tu Meli?

Melisa no respondió nada, solo se arreglaba el cabello y se veía al espejo, estaba muy enojada porque nuevamente la había dejado insatisfecha.

- ¿Pasa algo Meli?

- No, ya me voy

- Ok que te parece si nos vemos a la salida para irnos a un motel jeje

- No, no quiero - Respondió Melisa con voz recia

- Por qué? Que te pasa?

- Me pasa que ya estoy harta de que solo te preocupes por tu placer y a mi siempre me dejas deseando más

- De que hablas? No lo disfrutaste tu también?

- Claro que no! apenas me lo metiste unas cuantas veces y te veniste

- Pero yo pensé que te gustaba

- Como crees que me va a gustar? Acaso no lo ves? Tienes la verga corta! Apenas y la senti

- Oye no me digas esas cosas

- No me importa! Es más, terminamos, no quiero un novio que no sepa hacerme sentir mujer - Dicho esto Melisa salió rápidamente del baño sin darle tiempo a Gerardo de decir más nada.
El intento seguirla pero cuando salió del baño no la encontró debido a que se había perdido por la multitud de alumnos que había a esa hora, y es que ya era la hora de salida.
Melisa salió del instituto muy enojada y triste porque a pesar que Gerardo era un tonto incapaz de satisfacerla, también lo quería y ahora lo había terminado.
Empezó a caminar por la banqueta en dirección a la parada del autobús, iba pensando en que este podía ser el peor día de su vida, primero ya no estaba don Manuel para que al despertar le diera una buena culeada, y segundo cuando intento saciar sus ganas con su novio, este no pudo ni hacerle sentir un mínimo cosquilleo en su vagina, lo único que sabía hacer bien Gerardo era chuparle las tetas y manosearla, pero a la hora de la acción no servía para nada. De hecho el muchacho pensaba que la operación de pechos de Melisa lo hizo para el, y que el fue el primero en otra ocasión en comérselas, pero ni se imaginaba que el primero en disfrutar ese nuevo par de melones fue un sucio albañil.

En eso iba pensando Melisa cuando de pronto sintió que alguien la tomó de la mano y la volteó bruscamente. Era Gerardo, que la había buscado y perseguido hasta que la encontró en la calle.

- Hasta que te encontré! Ahora me vas a decir como esta eso de que terminamos

Melisa sorprendida tomó de nuevo su actitud enojada y le respondió: - Pues como oíste, ya no quiero saber de ti, no me das placer!

- Pues no me importa lo que digas! A mi nadie me termina y mucho menos una zorra como tu!!

Gerardo quien aun la tenia agarrada, le apretó la muñeca y la forzó a irse con el, pero Melisa hacia esfuerzos por no irse.

- Sueltame! Me estas lastimando!!

- Te voy a llevar a un motel a la fuerza ya que no quisiste!! Te voy a enseñar que si puedo satisfacer a una zorra como tuu!!

- Nooo sueltame! no quiero nada de ti!!

La pareja se encontraban forcejeando en una banqueta de la calle donde apenas pasaba gente, y los pocos que pasaban no hacían más que ver con caras de chismosos pero no se atrevían a meterse en problemas que no eran de ellos.
Unos cuantos metros atrás se encontraba estacionado un auto con un señor dentro. Este se percató de lo que estaba pasando, se dio cuenta que un chamaco estaba peleando con una señorita, pero lo que más le llamó la atención fue esa señorita, con su uniforme de la escuela se veía totalmente sexy, su falda hacia ver sus lindas piernas y su camisa marcaba bien unos turgentes pechos, además de la carita de ángel que tenía. Por lo que no dudo en bajar del auto e ir a su rescate.

- Te digo que me sueltees! Déjame!

- Ya te dije que noo! O quieres que te pegue?!!

- Tu no vas a pegarle a nadie - Dijo la voz del señor que ya se había acercado por detrás de Gerardo, a quien tomó de los hombros y lo separo de Melisa con tanta fuerza que hizo que el muchacho cayera sentado al suelo. El se levantó enseguida pero el señor ya se había puesto enfrente de Melisa haciendo de escudo. Ella solo quedó sorprendida mientras se sobaba las muñecas que le habían quedado coloradas por los agarrones de Gerardo.

- Usted no se metaa!! Esto es asunto entre mi novia y yo!

- No voy a permitir que le hagas daño a una señorita! Así que vete si no quieres que te rompa los dientes ahora mismo!

Gerardo al ver que este señor era más alto que el y que no tenía ninguna oportunidad de ganarle, prefirió no arriesgarse y dejar las cosas tranquilas por el momento, ya luego buscaría a Melisa cuando no hayan entrometidos.

- Bien me voy, pero esto no se queda así! escuchaste Melisa? Esto me lo vas a pagar!! - Fue lo que dijo Gerardo antes de darse la vuelta e irse con paso rápido mientras se sacudía la ropa por el polvo que había tomado cuando cayó al suelo. Estaba muy enojado pero no podía hacer nada.
Mientras tanto, Melisa se había quedado con aquel señor parados en la calle, nunca se espero que alguien la pudiera venir a rescatar.

- Se encuentra bien señorita?

- Si no se preocupe señor, estoy bien - Decía una muy nerviosa Melisa

- No me digas señor jeje me llamo Cesar,

- Yo Melisa

- Mucho gusto Melisa, que nombre tan bonito jeje

- Gracias César

- Veo que te ha lastimado la muñeca, no deberías dejar que un tipo así te maltrate

- Es la primera vez que se comporta asi, pero le agradezco por haberme ayudado

- No tienes nada que agradecer, es lo que hubiera hecho por cualquiera, mejor hay que revisar tu muñeca y curarla

- No se preocupe, mejor me voy a mi casa jeje ya se me hizo tarde para llegar a la parada del autobús - Decía Melisa muy nerviosa

- Y que tal si te llevo a tu casa? Por allá tengo mi auto

- No jeje de verdad no se moleste

- No es ninguna molestia, además ese chico se puede aparecer de nuevo, déjame llevarte a tu casa y te dejo segura

- Ehhh bueno, esta bien, se lo agradezco mucho...

Los dos caminaron hacia el auto, Cesar le abrió la puerta delantera y ella se subio, luego el la cerró y pasó a subirse en su asiento.
Cesar era un señor de alrededor de 48 años, alto y fornido, tenía algunos cabellos blancos que ya le estaban saliendo tanto en la cabeza como en su barbilla. Este era un hombre casado, tenía un hijo pequeño y una hija mayor, pero a pesar de eso también era un mujeriego. Trabajaba de arquitecto y tenía su propia oficina donde elaboraba planos, y en donde muchas veces metia a las putas que contrataba para cojerselas. Cuando tenía dinero de sobra contrataba putas VIP y cuando no, se conformaba con putas baratas, medio gordas y casi viejas, o sino engatusaba a las muchachas que trabajaban ahi para cogerselas, pero lo único que quería era un coño donde meter su verga.

En el camino a casa de Melisa iban callados, ella estaba nerviosa y el solo veía de reojo sus piernas. Quería detener el auto, romperle la camisa para liberar sus tetas y ponerse a mamarselas para luego follarsela en la parte de atrás del auto. Pero no lo hizo, no era lo correcto.




Se estaciono a las afueras del rancho donde vivía Melisa ya que ella le había pedido detenerse ahí.

- Aquí me puede dejar señor César, le agradezco nuevamente por salvarme y por traerme hasta mi casa

- Ya no agradezcas Melisa, y sobre tu novio ese, es mejor que no lo vuelvas a ver y que te andes con más cuidado, también pon hago de hielo sobre tu muñeca

- Si eso haré... bueno... hasta luego - Melisa abrió la puerta del auto pero antes de que pusiera un pie afuera, Cesar la detuvo hablándole.

- Espera!

- Si, que pasa?

- Te dejo mi tarjeta con mi número, por si necesitas cualquier cosa me puedes llamar o mandar mensaje y yo estaré disponible para ti

- Oh gracias de nuevo César, lo tomaré en cuenta pero por ahora me tengo que ir

- Claro Melisa, cuídate mucho

Melisa guardo la tarjeta en el bolsillo de su camisa, bajo del auto y camino hacia su casa, por un instante volteó y pudo ver como el auto seguía estacionado, probablemente aquel señor la estaba mirando. Ella no era tonta, sabía muy bien que ningún hombre ayudaría a una muchacha nomas porque si y mucho menos si esa muchacha era alguien como ella, hermosa, con buenos pechos, y un rico cuerpecito delgado. Ella conocía muy bien sus atributos y sabia que aquel señor también se la quería coger.
Pero ella ya no estaba para eso, había tenido un mal día y solo quería descansar.

Al entrar a su casa se dirigió a la cocina y le pidió a la señora María, la esposa de don Manuel, que le preparará un té.
La señora inmediatamente se dispuso a hacerlo, la trataba como si fuera su propia hija y le tenía un gran cariño porque la cuidaba desde que Melisa era apenas una niñita. La pobre señora no sabía que esa misma niñita al crecer se había cogido a su marido quien sabes cuantas veces.

Después de tomar el té, Melisa subió a su habitación y se tiro en la cama, estaba cansada. A su mente le llegaron los recuerdos de cuando estaba en el baño con su novio, lo excitada que estaba y que luego no la supo complacer. También recordó los forcejeos que Gerardo le dio en la calle, y que ella misma lo había ofendido con palabras como "tienes la verga corta". Pero ahora ya habían terminado, ya no había nadie que le comprara lo que ella quisiera y la llevara de paseo en un auto lujoso como el que tenía Gerardo. Si tan solo tuviera a su albañil, nada de eso hubiera pasado hoy.

Pero también pensaba en otra cosa; en el señor que la rescató. Se le hacia alguien atractivo y además tenía un buen auto, probablemente era un tipo con dinero.
En eso andaban sus pensamientos cuando vio la tarjeta de César en el bolsillo de su camisa, la sacó y pudo ver que la tarjeta decía que era un arquitecto.
Recordó lo bien que la trató, y que probablemente ella solo se estaba imaginando cosas con que ese señor se la quería coger, probablemente solamente era una buena persona que le brindo ayuda, pero que ahora a ella le correspondía darle las gracias de alguna forma.
Sacó su celular y registró el número en su lista de contactos como "Arquitecto".
Estaba pensando en si llamarle o no, exactamente no sabia que hacer y deslizaba la pantalla de su celular de arriba hacia abajo con su dedo pulgar, haciendo que la lista de contactos subiera y bajará.
En eso estaba cuando encontró el contacto de su mejor amiga llamada Rutila, a quien conocia desde que era pequeña e iban juntas en el instituto. Siempre le contaba sus problemas y ella le daba buenos consejos, incluso le conto que se acostaba con el albañil de su casa y Rutila como buena amiga la apoyo en todo. Así que decidió que era mejor idea pedirle algún consejo ya que ella era una chica más experimentada sobre la vida.

Pulso sobre su contacto y le pico con el dedo al símbolo de "llamar". Pronto comenzó a escuchar el sonido habitual de cuando alguien hace una llamada: "piiiip.... piiiiip......piiiip..... piiiip.... buzón de voz su llamada se cobrará al term..". Melisa al escuchar el buzón colgó de inmediato. -"¿Qué estará haciendo esta mendiga?"- Fue lo que se preguntó mientras volvía a oprimir el símbolo de "llamar" y escuchaba nuevamente el piiiiiip..... piiiiiiip...


Mientras tanto del otro lado de la línea....

- Ahh! Aahh! Ahh! rico papii siii!! ..... (ringgg... ringgg...)

- Dale puta! Salta salta!! Ooohh!! .. (ringgg... ringgg...)

- Ay papii! me están llamando, Ahh! dame unos segunditos si papi? - Dijo Rutila disminuyendo los sentones

- Ok mamita pero rápidito que todavía tengo más para ti ( ringgg... ringgg...)

Rutila se desensarto de alguna verga, tomó su teléfono y se metió al baño a contestar la llamada.

- Holiii amiguis! que tal! ¿por qué tanta insistencia? jeje

- Solo quería hablar contigo de unas cosas Rutila, ¿que tanto haces que no me contestabas el teléfono?

- Estaba haciendo unas tareas de la escuela jeje y si no las hago me van a reprobar, pero tengo unos minutitos así que cuéntame que ocurre

Melisa le contó todo lo que le pasó, desde que se fue su albañil hasta su pelea con Gerardo por tener un pequeño pene, le contó que terminaron y que casi la golpea en la calle, incluso le contó como un señor la rescató y la llevó a su casa. Claudia escuchaba atentamente a su amiga mientras le pedía consejos.

- Si Rutila, por eso te digo que no sé que hacer, estos hombres me vuelven loca jeje

- Ay amiga no te ahogues en un vaso de agua, tu albañil ya se fue y probablemente no regrese y el pendejo de Gerardo no sirve en la cama, pero míralo de este modo, la vida te dio otra oportunidad y te puso un nuevo hombre en tu camino, alguien maduro a quién debes de aprovechar

- Tu crees amiga?

- Claro que si tonta, mira los hombres están para sacarles provecho, y por lo que me cuentas tiene dinero, así que no te vendría mal que le saques algo y ya de paso te das unos buenos revolcones con el jijiji

- Ay nose Rutila, y si resulta que es otro verga corta como Gerardo?

- Por eso lo vas a averiguar jeje y te vas a hacer la difícil, lo vas a ignorar y luego lo vuelves a buscar, para que no piense que eres una facilota y sea el quien te busque siempre

- Jeje ahora que lo pienso si es una buena idea amiga

- Ya ves? Por hoy no le llames hasta mañana, que te espere jiji que sufra

- Exacto tu si sabes jeje gracias por aconsejarme amiga

- No hay de que amigui para eso estamos, pero bueno, te dejo porque tengo que terminar mi tarea

- Si amiga, ¿no esta muy difícil la tarea? si quieres te puedo ayudar en algunas ecuaciones o nose

- De que esta difícil si lo está jiji pero no te preocupes amigui yo puedo solita

- Ok amiga mucha suerte

- Gracias Meli, luego me cuentas como te fue con el señor ese

- Si jeje yo te cuento chaooo

- Chaitoooo!

Rutila colgó la llamada y salió del baño...

- Ahora si profesor, ¿en que estábamos? jiji

- Vente para acá mamita que esas calificaciones no se ganan solas jaja

- Si mi profe deme más de esa rica verga mmm... - Decía Rutila al momento en que se volvía a montar sobre la barriga de uno de sus profesores, el profe Ramón, un tipo físicamente desagradable.

Mientras tanto Melisa ya más confiada por los consejos de su amiga decidió que iba a llamar al señor César al día siguiente. No sabía que hacer sin su mejor amiga que siempre le daba buenos consejos.
Rutila era una chica de la misma edad de Melisa, de 21 años, delgadita, con pechos firmes y grandecitos, un culito bien paradito, cabello lacio, labios carnosos y una carita angelical, pero eso si, a esa carita se le notaba que le gustaba mamar verga.
Probablemente casi toda la escuela había estado con ella pero eso se mantenía oculto, nadie hablaba de haberse cogido a una de las zorritas más ricas del instituto porque claro, a nadie le convenía perder su confianza. Como dicen por ahí, el que come callado come dos veces.






La bella Melisa decidió ya no pensar más en el señor César por el momento y siguió con su día normal, comió y luego fue montar a caballo. Al terminar se dio una ducha, ceno con sus padres y se acostó a dormir.

A la mañana siguiente no fue a la escuela, no quería encontrarse con Gerardo y hacer otro escándalo. A eso de las 10 de la mañana tomó su teléfono y entró a WhatsApp, pulso en el contacto de César y escribió: "Hola, quería agradecerle por lo de ayer, ¿le parece si nos vemos hoy?". Lo pensó unos segundos y lo envío.
Apenas habían pasado dos minutos cuando recibió respuesta: "Claro que si, ¿te parece en el restaurante del centro a las 2:00?".
A lo que Melisa respondió: "Claro, ahí nos vemos".

Melisa estaba dispuesta a comenzar una nueva vida, a conseguir todo lo que ella quisiera... y nada la iba a detener.































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